12 de junio de 2008

Escorbuto y el primer ensayo clinico

Distintos relatos mencionan a James Lind, un escocés nacido en Edimburgo en 1716, como el ayudante de médico (un grado inferior al de médico por la época) quien como tripulante de un buque de la Armada Real británica, el "HMS Salisbury" en 1747, realizó los primeros experimentos que concluirían que las naranjas y los limones podian curar el escorbuto.

Con el comienzo de los largos viajes marinos, con el afán de descubrir y anexar nuevos territorios, tempranamente en el siglo XV y con largos períodos en alta mar, se comenzó a ver en forma muy frecuente una plaga que fue hasta tan temida como los buques enemigos de otras naciones. 

Tan asi fue que una expedición británica contra propiedades españolas en el océano Pacifico, en la década de 1740, perdió 1300 hombres de un total de dos mil debido a esta sola enfermedad. Su comandante, George Anson, dijo que "casi toda la tripulación" estaba afectada por síntomas atribuibles al escorbuto como la "exuberancia de carne fungosa, encías pútridas y espantosos horrores".

Muchos marinos sufrían un "extraño abatimiento del espíritu" y permanecían inmóviles, mientras otros que "decidieron salir de sus hamacas, murieron antes de lograr alcanzar la cubierta". La enfermedad era un tormento frecuente para las tripulaciones de la época, además de hacer más onerosas las travesias, por lo que se intentaron varios tratamientos.

El explorador británico James Cook recomendaba malta y chucruto col agria, mientras otros optaban por el "elixir de vitriolo" (una solución diluida de ácido sulfúrico), hacían sangrías y aplicaban pasto en la boca del paciente para contrarrestar los "malos atributos al aire del mar", era todavía el tiempo de las teorías miasmáticas sobre la enfermedad.

Pero dentro de este amplio abanico de terapias muy imaginativas, algunas parecieron resultar más efectivas que otras. Por ejemplo, los marineros que comían ratas estaban protegiéndose sin darse cuenta, ya que el animal sintetiza su propia vitamina C a partir de la glucosa. Aunque ya algunos habían sugerido los cítricos (otra fuente de vitamina C) como posible cura. Ya en 1622 el explorador Sir Richard Hawkins describió que "los limones y las naranjas ácidos" eran "muy fructíferos" y agregó "Me gustaría que un hombre culto escribiera sobre ello".

Otro explorador británico, James Cook recomendaba malta y chucruto col agria, mientras otros optaban por el "elixir de vitriolo" (una solución diluida de ácido sulfúrico), hacían sangrías y aplicaban pasto en la boca del paciente para contrarrestar los "malos atributos al aire del mar".

Los deseos de Sir Hawkins no se cumplirian hasta 1747 cuando James Lind comenzó a realizar lo que algunos consideran como uno de los primeros ensayos clínicos controlados en la historia de la ciencia médica.

Tomó a 12 hombres que sufrían síntomas similares, segun su propio relato, los dividió en seis parejas y los trató con remedios sugeridos por autores previos: 

  • un cuarto de sidra al día 
  • 25 gotas de elixir de vitriolo, tres veces al día
  • media pinta de agua del mar al día
  • una pizca de pasta de ajo, semillas de mostaza, rábano picante, bálsamo de Perú y resina de mirra, tres veces al día
  • dos cucharadas de vinagre, tres veces al día
  • dos naranjas y un limón

Al final de la primera semana, aquellos que se habían tratado con los cítricos se encontraban lo suficientemente bien como para cuidar del resto. Aunque esto lo menciona su autor, nunca se supo que sucedió con aquellos a los que se les asignó otro tratamiento.

Su éxito fue tan rotundo que le animó a escribir un "Tratado sobre el escorbuto" contenía una revisión de la literatura existente sobre la enfermedad y apareció en 1753, cuando Lind ejercía como médico en Edimburgo.

Él se enorgullecía de haber conquistado una enfermedad que "durante la última guerra, resultó ser un enemigo más destructivo, y acabar con más vidas valiosas, que los esfuerzos conjuntos de los ejércitos franceses y españoles".

Pero no fue hasta 42 años después que el Almirantazgo británico dio la orden de que se distribuyera jugo de limón entre los marineros. Todavia los historiadores discuten el porque de tanta demora. Aunque Jane Wickenden, del Instituto de Medicina Naval de Reino Unido, dice que esto se debió en parte a que el Tratado de Lind no llegaba a conclusiones claras.

"La descripción del experimento solo ocupa cuatro páginas. Las 450 restantes hablan de otros tratamientos, como el "aire fresco y el ejercicio", afirmó Wickenden. Se añadía a la confusión la existencia de otros tratamientos rivales, como el chucrut y la malta, defendidos por el Capitán Cook. "El Capitán Cook se promovía a sí mismo de una forma que Lind no hacía. Viajó por todo el mundo y tenía el favor del Almirantazgo", añadió Wickenden.

Pero el tratado de Lind circuló ampliamente. Tras la publicación de la primera edición, Lind fue nombrado médico jefe del Hospital Real de Haslar en Hampshire, Inglaterra. Luego hubo otras ediciones del libro, así como traducciones al francés y al alemán. En 1795, un año después de la muerte de Lind, el Almirantazgo finalmente aceptó las recomendaciones de sus propios médicos y aprobó que fuera obligatorio llevar jugo de limón en todos sus barcos.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la armada, los brotes de escorbuto siguieron afectando a los navegantes. "No se daban cuenta de que el poder de los limones para contrarrestar el escorbuto se reducía con el almacenamiento y también con algunos métodos de conservación que se usaban, como hervir el jugo, lo cual destruye la vitamina C", explicó Wickenden.

La sugerencia de Lind de que el poder de los limones estaba en su acidez llevó al Almirantazgo a utilizar limas más baratas procedentes de una nueva plantación británica en el Caribe, en la década de 1860. El fruto, con la mitad de contenido de vitamina C que los limones, era menos efectivo en la prevención de la enfermedad y no fue sino hasta décadas después, en 1928, cuando se identificó la vitamina C. Pero en la Marina Real, Lind es recordado como un héroe.

"Lind realizó lo que se considera el primer ensayo clínico y es percibido como el padre de la medicina naval", dijo Wickenden. Ahora, un limonero adorna el escudo oficial del Instituto de Medicina Naval, localizado cerca del hospital en el que trabajó Lind.

Los españoles afirman que ya conocían el uso de los cítricos como remedio desde la segunda mitad siglo XVI, un siglo antes del nacimiento de James Lind, gracias al tratado de fray Agustín Farfán en 1579 bajo el título “Tratado Breve de Anatomía y Cirugía, y de Algunas Enfermedades” donde se recomienda el uso de naranjas y limones para el tratamiento del escorbuto. Y fue utilizado exitosamente en algunas expediciones en 1617, según se relata.  Claro está que el fraile era español, más bien Andaluz, pero escribió esto desde el entonces virreinato de Nueva España, lo que hoy conocemos como México.

Pero pese a haberlo descubierto primero, tampoco los españoles vieron la fama ni el crédito por el descubrimiento, como tampoco lo veria nuestro héroe en vida. Parece ser que otro navegante discipulo de Lind, Gilbert Blane, fue el que promovió el agregar un poco de alcohol destilado (ron o ginebra) al zumo, para conservar así sus propiedades, y tras larga insistencia consiguió el permiso del Almirantazo en 1795. Aunque hubo de reemplazarse a los limones por un genérico de la época, las limas, ya que el precio de estos todavia eran prohibitivos en el imperio británico.



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